Uno setenta, ni un
centímetro mas ni uno menos.
Si, es una realidad que
yo no puedo negar. Podría mentir con mi edad, cambiarme el color de pelo, subir
o bajar de peso, hasta oscurecer o aclarar el tono de la piel. Pero la estatura
siendo hombre es algo muy difícil de modificar.
Cuando era niño,
siempre me sentí feliz por ser el primero de la fila. Entraba primero, tenia
los beneficios del que no espera. Tenia los mejores sitios para sentarme en el
salón de clase y que decir de ese exceso de gracia que tienen los niños de poca
estatura. Era feliz.
Hasta que llego el
momento de crecer y eso… no sucedió (O no tanto como quería). Bueno tampoco es
que tuviera una herencia de basquetbolistas por que mi mama es también de baja
estatura y supongo que mi papa también. (No lo recuerdo y tampoco tengo tanta
intriga de quererlo ir a ver después de todos estos años para saber que tan
alto es). Pero medir uno setenta siendo hombre, no es que sea la maravilla.
El punto esta, que si tuviera
otra profesión con seguridad mi estatura no me hubiera traído tantas
dificultades. Si, yo se que hay gente mucho mas baja que yo, pero es mi blog y
puedo convertir en un completo drama todas mis frustraciones.
Todas, todas,
absolutamente todas las presentadoras usan tacones, también las reinas y
modelos usan tacones. Sin contar con que muchas de ellas miden casi 1.80. así
que ya se imaginaran lo incomodo que es realizar una entrevista de pie con
estas musas de la altura sin sentirme incomodo. O sin quedar mirando frente a
frente sus protesis. (Bueno la situación de hecho no es incomoda del todo para
mi, pero se que para muchas de ellas si)
Desde hace muchos años
aprendí a apoyarme en las punticas de los pies y de cualquier piedrita que me
colaborara con el efecto pequeñin que siempre me he acompañado. Para presentar
eventos he tenido que subirme en banquitos, ladrillos y directorios. Solo para
lograr igualar de alguna manera la estatura de la flacuchenta larguísima que me
ponen al lado.
Alguna vez, una
empresaria vio mis fotos y le gusto mucho la idea que fuera el modelo de su
marca de jeans. Que mi barba, mi cara, mis ojos el color de mi piel. Era lo que
estaba buscando. Pero el señor dueño de la agencia de quien no voy a mencionar
su nombre (al igual que el no menciona el mío para conseguirme trabajos) le
decía a la señora que no. Que mejor pensara en otro modelo.
Luego de hacerme salir
de la universidad e ir a conocer a la brillante empresaria (y con muy buen
gusto) fue evidente su cara de descontento y de mujer insatisfecha. Es bajito,
pensé que era mas alto. Que gracias. Descubrió que el agua moja y que eso es lo
que en muchos idiomas han dicho de mi.
Si, no soy alto.
Tampoco un enano, pero no mido lo que se supone uno debería medir para que se me
abrieran mas puertas. Y no me quejo. De hecho ya aprendí a vivir con un
banquito para alcanzar las cosas de la parte de arriba de la alacena, también a
pedir ayuda a terceros cuando con la silla y mis uno setenta no son suficientes
para cambiar un foco, y también a poner cara de tote cada vez que voy a presentar
un evento y mi compañera de set olvida que no es una fiesta Drag Queen y se
trae unas plataformas soñadas de características épicas.


